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Las primeras relaciones sociales

ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN: 2012-06-01 a las 09:00 Hrs.

La importancia de la relación madre-hijo

Es común observar que hacia los 7 u 8 meses el niño forma lazos más estrechos con varias personas, en particular con la madre. Es a esta edad cuando se produce la ansiedad natural por la separación, si ésta dura mucho tiempo el niño manifiesta disgusto y llanto. En esta etapa se produce el miedo a los extraños, el bebé reacciona con disgusto y rechazo hacia los desconocidos y tiende a buscar a las personas conocidas con las que sostiene vínculos de apego.

La frecuencia de estas actitudes puede ser debida al carácter del niño, aunque la personalidad y respuestas de la madre, así como la influencia del medio que lo rodea, son factores determinantes en estos patrones de conducta.

La relación madre-hijo durante la alimentación o los cuidados básicos (bañarlo, cambiarle el pañal, limpiarle la cara o cambiarlo de posición al estar acostado), es especialmente importante para que el niño adquiera confianza, por ello es necesario cuidar la calidad con la que se realiza la actividad más que el tiempo invertido en ella.

La actitud que la madre tiene para con sus hijos, sus propias vivencias, la condición de su vida actual y su personalidad son factores que influyen significativamente en el desarrollo de este vínculo.

Es muy importante que la madre utilice el abrazo, la sonrisa y la forma en que le habla para transmitirle al bebé su cariño y su amor.

A los 6 o 7 meses de edad el bebé muestra la dependencia hacia su madre, la sigue más, llora si se le desaparece y la utiliza como base firme desde donde puede explorar el mundo.

El primer logro social del bebé, es estar dispuesto a dejar que su madre esté fuera de su vista sin sentir ansiedad o enojo excesivo.

La importancia de la relación padre-hijo

Por lo general, cuando el padre está presente en el parto o tiene la oportunidad de establecer contacto con el bebé poco después de su nacimiento, el vínculo entre padre e hijo es aún más estrecho. Los lazos de vinculación creados entre el padre o la figura masculina y el bebé durante el primer año de vida permiten el desarrollo social, emocional y cognoscitivo del pequeño en una forma más estable.

Se ha observado que los padres prefieren jugar con los bebés en lugar de cuidarlos. Cuando prestan más atención a sus hijos, los niños son más brillantes, curiosos y felices. Aunque la madre es la primera persona con la que tiene contacto el niño, es fundamental que el padre también se relacione con él. Los padres son de suma importancia para sus hijos, mucho más de lo que antes se creía

La relación padre-hijo puede iniciarse desde que la mamá está embarazada, ya que el padre puede platicarle, ponerle música o acariciar el vientre de la madre.

Al nacer el bebé, esta relación puede fortalecerse si lo toma en brazos, lo baña, lo cambia, los limpia o le da el biberón; así el padre estará brindando ayuda y estableciendo un lazo entre él y su hijo que lo hará menos temeroso a nuevas experiencias y lo capacitará para tener confianza en las nuevas relaciones sociales que tenga con los demás.

El niño necesita sentir que puede participar en el mundo del papá sin que éste se moleste. Los hijos que se relacionan más estrechamente con sus padres se desempeñan mejor en la escuela, con sus amigos y expresan mejor sus emociones para el resto de su vida.

La calidad de las relaciones con nuestros hijos

Con la atención, el cariño, la comunicación, el amor y el respeto estarán dándole al niño seguridad en sí mismo. Los niños vinculados con seguridad son más sociables, más positivos en su conducta con los demás y emocionalmente más maduros en la escuela y otro tipo de ambientes ajenos al hogar. Para que su hijo se sienta más seguro es importante que platiquen con él, que lo tomen en cuenta y que lo escuchen, traten de hablarle con cariño, sonríanle, sean más sensibles a sus necesidades y antes de dormir cántenle o léanle un cuento; la atención que ustedes depositen en él lo hará sentir importante y amado.

Los momentos que compartimos los padres con nuestros hijos deben ser de calidad, debemos hacer que el niño se sienta cuidado, amado, respetado, protegido y aceptado. Puede hacerse que el niño sienta el afecto de sus padres en cualquier actividad: en el paseo en carreola, al caminar con él en brazos, al leerle un cuento, al cantarle un arrullo, al platicar con él o al alimentarlo. La importancia está en la atención, no en el tiempo.