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EL niño y su espacio

ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN: 2012-06-01 a las 09:00 Hrs.

La importancia de un espacio para el niño y las características que éste debe tener

El primer medio ambiente del niño antes de nacer es el vientre de su madre, donde se encuentra cálidamente protegido. Es en el momento de nacer cuando los adultos que le rodean serán los responsables de construir un espacio adecuado y agradable, de acuerdo a las necesidades del bebé, donde crezca y se desarrolle felizmente.

El medio, espacio o entorno influye en el desarrollo del ser humano a lo largo de su vida; por eso es necesario que el niño tenga un lugar propio donde duerma, juegue y guarde sus cosas favoritas. Aún cuando la vivienda sea reducida, el niño
puede tener un lugar especial para él.

Los adultos debemos ofrecer espacios adecuados a la edad y necesidades del niño empleando nuestra creatividad y materiales de bajo costo. El medio que rodea al niño no significa solamente un lugar para vivir, sino también un espacio físico agradable que propicie la estimulación de sus sentidos y movimientos y el reconocimiento del niño dentro de la familia y la comunidad, lo cual forma parte muy importante de este medio.

El espacio debe permitir que el niño actúe libremente, ya que a través de la libertad de movimientos reconoce su lugar y el de otras personas y siente que las cosas están a su alcance y hechas a su medida.

El espacio y el ambiente que rodean al niño hacen posible el conocimiento cuando se le deja tocar objetos, sentir texturas, apreciar formas, tamaños, colores, diferentes pesos e ir de un lado a otro. A través de la relación con su medio el pequeño aprende reglas como la de respetar las pertenencias de los demás; así convive en familia y posteriormente en la comunidad y en la escuela.

Algunas recomendaciones para el uso de los espacios infantiles son:

  Todos los niños deben tener un espacio privado, aún cuando sea una caja, un bote, un ropero donde guarde sus cosas preferidas.
  El espacio debe estar abierto al cambio para adaptarse al desarrollo de los niños, de tal manera que le permita ir organizando sus pertenencias como él prefiera.
  Educar a los niños poco a poco para que recojan y se encarguen de mantener limpio su espacio.
  Enseñar al niño que existe un lugar para cada cosa, lo que permitirá adquirir algunos principios de orden.

Las cualidades de los espacios abiertos

El niño, por su crecimiento tiene necesidad de seguridad y de apoyos físicos y humanos. Para poder ir afianzando sus sentimientos y emociones hay que proporcionarle lugares donde actúe libremente pero que sienta cerca la presencia del adulto cuando lo necesite; si el lugar donde camina el pequeño está repleto de cosas que no puede tocar, tales como figuras de cerámica, floreros, u objetos delicados, difícilmente tendrá la oportunidad de experimentar por sí mismo, tocarlos, sentirlos y explorarlos.

También hay que brindarle al niño espacios donde haya suficiente sol y aire puro que favorezcan su bienestar. El niño necesita también espacios fuera de casa. Se debe llevar al niño frecuentemente a lugares al aire libre, soleados, donde pueda jugar libremente, ya que son los preferidos de los niños, a ellos les agradan los jardines, banquetas, parques, patios, pues ahí pueden saltar, gritar y correr, siempre vigilados por una persona adulta.

El asistir a lugares abiertos le permite convivir con otros niños, lo cual facilitará su socialización.

La relación entre el niño y el ambiente que lo rodea

La relación que establece el niño con lo que le rodea no ha sido tomada en cuenta por los adultos suficientemente; más bien la han asumido como algo muy simple.

Sin embargo, el niño crece y su vida se desarrolla a través del afecto con la familia, el juego cotidiano y de su interacción con el entorno.

Debemos recordar que un espacio demasiado rígido o normas demasiado relajadas afectan negativamente el crecimiento del niño.

El pequeño va a requerir de un espacio que le brinde la posibilidad de desarrollar los aspectos afectivo, físico e intelectual.

Una de las características que tiene el espacio y que influye en el niño es la posibilidad de convivencia; el lugar donde crece y se desarrolla es, en primer lugar, su casa, y ahí el niño vive las situaciones de tensión, agresión, inseguridad, afecto y apoyo que caracterizan a su familia y a la comunidad, por lo que la actitud de los adultos cuando convivimos con el pequeño es fundamental.

Hay que recordar que el niño aprende de lo que observa y siente. Si en su casa no hay respeto a la privacidad, y se invaden los espacios y el niño crecerá sin haber aprendido las normas y límites a sus acciones. Por el contrario, si al niño se le regaña y castiga cuando toca los objetos de la casa, más que enseñarle reglas de convivencia, se limita las experiencias necesarias para su aprendizaje. La alternativa es permitir que el niño se mueva con libertad, que reconozca el lugar donde vive y tenga a su alcance objetos atractivos (siempre que no sean peligrosos), indicándole lo que puede tomar y aquello que no le pertenece, para que aprenda a respetarlo y comprenda lo que significa el respeto y el derecho a la propiedad. Así empezará a entender los conceptos “tuyo, mío, nuestro”.